miércoles, 22 de mayo de 2013

Estudiar en español

Cada día que pasa estoy más sorprendido: ¡Estudiar español en España! . ¡Qué barbaridad! . Cuando leo u oigo este tipo de noticias en los distintos medios de comunicación o en las tertulias que pululan por nuestras 'teles' , se me ponen los pelos como escarpias. ¡Hasta dónde hemos llegado! . Y lo peor, ¿hasta dónde estamos dispuestos a llegar? . Cada día que pasa conozco menos el lugar donde vivo. A veces me da la impresión que estoy viviendo un sueño del que quiero despertar, pero no puedo. Pero la realidad me ha traspasado como una espada afilada que ha ido cortando capilares y venas en silencio. Lo veíamos venir, pero no decíamos nada: que un ciudadano de este país quiera estudiar en su lengua y no pueda hacerlo, es algo esperpéntico. Algo inusual que no se da en ningún otro lugar del mundo.
La lengua es un patrimonio que todos los países guardan y protegen con un celo exquisito, nexo de unión entre los habitantes de un país. En España, desde hace ya algunos años, ese nexo común se ha ido deteriorando por cuestiones políticas (maldita política que pudre todo lo que toca) y fundamentalmente por los intereses de los partidos políticos, que en determinados momentos han necesitado de otros para gobernar, incumpliendo sus propios postulados y rompiendo, de esa manera, parte de esos hilos invisibles que daban cohesión a ese grupo heterogéneo de personas que somos los españoles. El incumplimiento reiterativo de las leyes (porque aquí parece que incumplir leyes es lo que se lleva) está produciendo un hartazgo en los ciudadanos cuando ven que unos cumplen y otros no, y no pasa nada. Mientras, los poderes públicos miran para otro sitio o inducen medidas que no arreglan el problema desde la raíz, sino que son un remedio circunstancial para una costura que deja ver su interior. A lo largo de todo este trasiego, ¿cuál será nuestro final?...........


Foto. Componentes del Grupo Batarro y el pintor Pepe Bernal, en enero de 2005